Sobre la religión se suscitan cada vez más en nuestro mundo grandes cuestiones. Ya apuntó el insigne pensador cristiano K. Rahner que nuestra era o será mística o estará llamada a perderse. No sabemos muy bien si con la globalización estamos viviendo en una época de Alianza de Civilizaciones, o si más bien nos ha tocado habérnosla con una soterrada cruzada cuando más se habla de ecumenismo y de diálogo entre los grandes credos. ¿No será, en cambio, que asistimos hoy a una desenfrenada lucha de beneficios económicos y de hegemonías ideológicas e imperialistas tapadas bajo el manto de fanatismos y violencias en nombre de Dios y de la religión?
Sea cual fuere la situación, es necesario que en países como los nuestros se sepa claramente qué se quiere decir cuando se habla de religión, de libertad religiosa. Puesto que, como veremos más abajo, no todo da igual hablando de la religión; todos las confesiones religiosas no rezan al mismo Dios ni tienen de Él el mismo concepto. Por más parecidas que sean, todas las Biblias no son iguales, ni admisible cualquier exégesis o interpretación de los textos de la Sagrada Escritura. En este sentido, invitaba Mn. Nzé Abuy, Cmf a no confundir el derecho a la libertad religiosa con expresiones como “todas las religiones son iguales”, “la Biblia que usa la Iglesia Católica es la misma que usan las sectas...” ( Rafael Mª Nzé Abuy, sobre las sectas en Guinea Ecuatorial. nota pastoral, Malabo, 1991).
La religión es una relación de veneración o de adoración del hombre con lo sagrado, lo divino; una relación similar a la de los fang ante los Byere o los bubis ante los Morimo. Es decir, un reconocimiento consciente y efectivo de una realidad absoluta, de la cual el hombre se sabe existencialmente dependiente. La religión no es magia. Ésta hace que lo divino se someta a los deseos e intereses del hombre. La magia es una técnica de actitud coercitiva e imperiosa que, en medio de una atmósfera de miedo y de respeto, maravilla y prodigio como en lo religioso (tremendo y fascinante), procura dar solución y respuestas inmediatas a todo lo que el hombre quiere.
En la magia Dios hace la voluntad del hombre, mientras que en una verdadera religión el hombre está siempre al servicio de Dios, en continua búsqueda de la disposición divina. Por eso la religión es sumisión, una sumisión personalizante ante algo que el hombre siente que es “el absolutamente otro”, el Ser de los seres (Cfr. M. Dhavamony, en religión. Teología Fundamental, www.mercaba.org).
La religión es un hecho cultural. Si la religión es la sustancia misma de la cultura, ésta es la expresión de aquélla (Paul Tillich). Entre las dos hay una vinculación estrecha. Por eso el respeto a la variedad de las culturas lleva intrínseco el reconocimiento de las distintas manifestaciones religiosas. El Concilio Vaticano II en la Dignitatis Humanae (nº 2) y la Constitución de Guinea Ecuatorial ( Artículo 13/f) reconocen la libertad religiosa como derecho fundamental de la persona.
Sin embargo, el reconocimiento de la libertad religiosa y de su respeto no quieren decir que este fenómeno social no necesita purificación y un cierto control dentro de su justa autonomía. Pues no todo hecho cultural ni toda expresión religiosa son humanamente plausibles y tolerables. Hace unos años que en Uganda un grupo religioso aniquiló la existencia de más de una decena de personas a fin de alcanzarles lo más pronto posible la felicidad celestial. Y mientras tanto, algunos de los dirigentes de la secta se iban
quedando con los bienes que la gente muerta y quemada dejaba. ¡Una iglesia infernal!
Una iglesia que predica el desprecio de lo material, en favor sólo de lo espiritual – la dicotomía y dualismo carne-espíritu -; una religión que le da igual y pasa de las circunstancias sociopolíticas, del bien común integral de las personas, que le importa menos si sus feligreses tienen seguridad alimentaria y sanitarias dignas; una religión que amenaza la libertad de otros, que mata o violenta a otros hombres en nombre de Dios... esa religión, esa iglesia, esa secta es un peligro para el hombre y para la sociedad. A partir de estos indicadores, nos podemos preguntar si todos los grupos religiosos que forman nuestro espectro nacional son humanamente aceptables, ¿sus cultos, disciplinas y doctrinas son agradables a Dios y a los hombres?. Porque no basta la promulgación de un Decreto-Ley sobre la libertad religiosa. La libertad ha de tener sus condicionamientos para no resultar un mero cachondeo; en este caso, una simple depravación religiosa. De aquí que la Dignitatis Humanae afirme que “el derecho a la libertad en materia religiosa se ejerce en la sociedad humana; por ello, sus uso está regulado por determinadas normas (...). Además, como la sociedad civil tiene el derecho de proteger contra los abusos que pueden producirse bajo el pretexto de libertad religiosa, corresponde principalmente al poder civil prestar esta protección... según las normas jurídicas...” (DH, nº 7.
Por otra parte, y por razón del pluralismo religioso, se ha llegado a cuestionar en algunas sociedades la existencia de la asignatura de religión en las escuelas públicas: si las escuelas estatales son como el mismo Estado aconfesionales, ¿por qué una asignatura como religión? ¿cuál es su importancia académica?
Nuestro mundo actual, un tanto marcado por el hecho de la Aldea Común, el factor cultura es muy importante, y por tanto decisivo el elemento religioso. La Globalización no indica la pérdida de las identidades locales y culturales. Pues en el encuentro e intercomunicación con otras personas ha de tenerse en consideración el bagaje cultural, ético y moral de los otros, dentro de lo cual está fundamentalmente impreso lo religioso.
¿Por qué en muchas zonas musulmanas el jefe político hace muchas veces de jefe religioso? ¿por qué en muchos países asiáticos el elefante es animal sagrado y se cultiva un tanto con ejercicios ascéticos el domino del cuerpo? ¿por qué el viernes es un día sagrado para los mahometanos, el sábado para los judíos, el domingo para los cristianos? ¿la fiesta ya mundial de la Navidad tiene algo que ver con la religión? ¿Por qué estamos actualmente en el siglo XXI, en el año 2006, y no en otro año ni en otro siglo, tiene que ver algo en esto Jesucristo?
Estos interrogantes que afectan directamente al hombre y sus actividades sociopolíticas, económicas y culturales no pueden responderse fuera del ámbito religioso. Es más, ¿cómo comprenderían cabalmente las futuras generaciones las grandes manifestaciones artísticas, literarias, filosóficas... como las catedrales, las pirámides de Egipto, los byere bantú, las obras de Dante, Miguel de Unamuno, el heliocentrismo de Copérnico y de Galileo Galilei? ¿Cómo sabrán de la Edad Media y del Renacimiento, de algunas causas de la Revolución Francesa... etc? ¿Cómo comprenderán muchos de los aciertos y muchos de los desbarros y barbaridades del hombre a lo largo de su historia?
La asignatura de religión no debe sacarse de las escuelas, ya que estaríamos preparando y cavando nuestra propia tumba espiritual, moral e intelectual. Pero dicho esto, hay que señalar que la religión no es catequesis, una enseñanza del núcleo doctrinal de una confesión determinada. No obstante, aun cuando en la materia de religión se toque aspectos característicos de cada uno de los credos, deberá cuidar el profesor o maestro de no hacerlo con fines catequéticos o proselitistas. La religión en las escuelas y la catequesis en las iglesias.
Las investigaciones antropológicas y arqueológicas muestran que desde los primeros momentos, la especie humana tuvo prácticas de culto y de creencia en un más allá... Esto refleja que en el ser humano hay una dimensión trascendental, que el hombre es un ser ligado a lo Absoluto; que por más atea que sea la persona, lo religioso le es inherente.•