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Por: Agustín Nze Nfumu
Presidente del Consejo de Administración de "La Gaceta de Guinea Ecuatorial"
Embajador de la República de Guinea Ecuatorial en Gran Bretaña
Hoy es 17 de Junio de 2006 y cuando escribo estas líneas, acabo de llegar del “Horse Guards Parade” (en nuestro castizo idioma, algo así como donde la guardia a caballo-que no Caballeros- se exhiben) a asistir a la ceremonia anual del “Trooping the Colour”, o sea, que la guardia real le dice a la Reina “Feliz cumpleaños, Majestad” aunque, en vez de velitas (que serían 80) han preferido, como siempre, caballos, fanfarria y casacas rojas . Porque esta ceremonia se celebra una vea al año, con ocasión del cumpleaños de la Reina, desde que, en 1748, fue ordenado que dicha manifestación fuera para marcar el cumpleaños del Soberano.
Entonces me he dado cuenta de algo muy importante: Si repetía la ceremonia por segunda vez ¡había cumplido un año en Inglaterra, en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte (aunque muchos hijos de esa parte de las islas lo pongan en duda)
25 de Abril de 2006,
Así, como quien no se da cuenta, descubro que he cumplido un año en este país, en el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, donde los irlandeses se ponen furiosos si les dices británico o inglés, y los ingleses clasifican su sociedad en “British” e “English”, dependiendo si has nacido de padre y madre de color rosáceo y mejillas rojas – ruborizadas permanentemente- o si, por el contrario, llegaste aquí procedente de alguno de esos mundos que Dios abandonó “por ahí” y lograste adquirir (por los papeles) lo que el snobismo moderno llama “nacionalidad”…
Hoy, como he dicho, es 17 de junio; o sea, he añadido dos meses a mi “cumpleaños” como residente en este singular país, en el que nadie te dice si cabes o no, porque tú mismo vas descubriendo dónde lo haces y dónde no; en este país en el que puedes coleccionar montón de amables y muy humanitarios detalles, como el de que el Gobierno proporcione viviendas gratuitas a los que no puedan procurarse una por sus medios, cuando justifican un empleo, o que se le dé otra a toda madre que demuestre que es soltera y cuida ella misma de su “retoñito” (como para que en las calles de Londres te cruces con “niñas con sus niños” casi en cada semáforo).
País que también te sobresalta con noticias del asesinato de un chico (negro o blanco) a la salida del colegio, solo porque no le caía bien a su asesino…
En fin, la “Great Britain”, que se ha convertido en el mejor exponente del multiculturalismo, me tiene ya de “inquilino” desde hace año y dos meses.
Ahora que me planteo ir de vacaciones a mi pequeña-grande y querida Guinea Ecuatorial, miro el camino recorrido y no puedo sino dejar que mis labios dibujen dos medias sonrisas: una que expresa mi satisfacción por el esfuerzo desplegado desde mi llegada aquí hasta hoy; aunque, la otra media mueca es de preocupación por la duda de no saber si lo he hecho todo por el trabajo que se me encomendó, o, por el contrario, alguna parte de mi debilidad y limitaciones humanas me ha impedido cumplir mejor, y de manera escrupulosamente eficaz, con todas mis obligaciones…
Porque en este tiempo, tan largo para algunos pero increíblemente corto para mí, he puesto lo mejor de mí mismo (que no es mucho), para componer una representación diplomática, hacer que se conozca y se aprecie; y por vías de consecuencia, lanzar a la sociedad británica e internacional el reto de codearse con una misión diplomática enviada por uno de los países que generan últimamente mucha controversia en los círculos políticos y económicos del mundo, gracias a su ingreso en el círculo muy exclusivo de productores de petróleo y del hecho de una insidiosa e implacable campaña negativa, propiciada y patrocinada por los detractores del régimen, contra sus dirigentes.
Sin embargo, puedo sentir el efímero alivio del haber luchado, en este brevísimo tiempo, salvando la limitación de mis capacidades, para que se conozca un poco más al país, sus progresos y carencias, sus personas e instituciones, sus buenos y malos momentos, etc. O sea, que se vea en él a un país africano más, al ni al petróleo ni la prosperidad excluyen de los normales problemas del desarrollo y el penoso avance hacia el progreso integral. Por activa y por pasiva, hemos intentado, en este tiempo, hablar con personas, medios de comunicación, instituciones y organizaciones sobre la realidad (la verdadera) de Guinea Ecuatorial, ayer paupérrima y olvidada, hoy rica en recursos, codiciada y, al mismo tiempo, demonizada…
Y así lo hemos intentado hacer, Rodolfo Burgos, Pilar, Angelina, Biruk, Blas y yo (estos somos los que componemos el personal de la Embajada).
Un año después, no sabemos si ha llegado el mensaje a los que no saben siquiera escuchar, o si han iodo los que no quieren oír. Pero estoy seguro de que hablar sí que hemos hablado.
En este año transcurrido, (y esto es lo más bonito que guardo de él) he recibido la bendición de la solidaridad, al habérseme asociado en la labor de agrupar a los hermanos guineoecuatorianos que andaban aislados, cada uno enfrentándose solo a sus problemas y dificultades, por estas tierras británicas.
Considero que esta tarea ha sido, como dijera alguien, “lo más puro de mi espíritu constructor”. En el camino hemos ido apagando fuegos partidistas, políticos, segregacionistas, étnicos y tribales, para plantar en los corazones y mentes de nuestros compatriotas la semilla de la hermandad, de esa comunión de destino que nos interpela a todos y nos obliga a ser uno dentro de la diversidad. Desde luego, no han faltado- y siguen insistiendo en ello- recalcitrantes que, en el momento en que escribo esto, siguen pensando que ciertas actitudes son una religión que no pueden abandonar.
Pero lo importante es asumir estos caracteres como parte de esos pequeños escollos que hay que luchar por superar y que hacen más interesante la labor. En este tiempo, me he dicho “si quiere uno sentirse más isleño que guineo-ecuatoriano, sea”; “uno se quiere sentir más fang que guineo-ecuatoriano, que le aproveche”. “uno se considera más ndowé que annobonés o bubi, que parte de esa Guinea Ecuatorial plural y común a todos, que se lo coma con salud”.
Sin embargo, mi aliado ha sido el destino; pues sin tener que hacer grandes prédicas, y por efecto de la fatalidad, éste se encargó de ir convenciendo a unos y otros que no existe nada mejor que el calor solidario que transmite el sentimiento sincero de un corazón que comparte y llora tu mismo dolor. Porque las desgracias que han azotado la colonia guineoecuatoriana en este año que llevo, y que sumieron en el llanto a varias de las familias residentes aquí, han sido más elocuentes, cuando, como una sola persona, esa gran persona guineoecuatoriana, sin tribus ni etnias, sin regiones ni distritos, sin prejuicios ni exclusiones, todo aquél que se consideraba hijo de nuestro País, compartió el cáliz del dolor y bebió la hiel de la angustia de manera solidaria por el hermano, el hijo o la madre desaparecidos.
Yo hablé de dichas desgracias en su momento, por lo que no viene al caso reiterar aquí ni el momento ni las circunstancias o nombres involucrados; pero sí el hecho de que sirvieron para que muchísimos guineoecuatorianos al asistir a las multitudinarias concurrencias que se produjeron, exclamaran “¡Dios mío, no sabía que hubiesen tantos “guineanos” en Inglaterra!” y que algunos empezaran a mirar con más aceptación a sus hermanos, y los que ayer decían “no me mezclo con guineanos”, hoy estuvieran solidariamente unidos a todas las empresas que la joven Asociación de Guineoecuatorianos en Inglaterra ha emprendido”.
Siguen los que creen que se mueven mejor en sectas, en grupúsculos o en gremios etno-regionales; no importa, porque es el tributo que le debemos pagar a nuestra condición de humanos, llenos de debilidades y pasiones. Aunque esperamos que comprenderán, como lo han hecho los demás, que “madre, hay una”. Y que dicha madre es nuestra Guinea Ecuatorial, en la que nacimos, nos criamos muchos de nosotros y a la que pertenecemos, a pesar nuestro. Sobre todo, cuando la cruel realidad de la vida nos lo demuestra cuando intentamos reivindicar nacionalidades prestadas y se nos echa en cara lo que muchos ya sabemos y que no conviene decir aquí para no embarcarnos en “dimes y diretes” político-corrosivos.
Y aquí estamos, un año y dos meses después, siguiendo en el empeño de “hacer patria” en Inglaterra, aunque no han faltado los que han hecho, con sus rumores insidiosos, ofensivos y folklóricos, que se dibujara en nuestro ambiente un espectro negativo, cuya sombra solo ha oscurecido un poco -solo un poco- nuestro entusiasmo.
Por eso, al volver la cabeza y mirar hacia atrás, no solo me siento contento del camino recorrido, sino reconfortado por el hecho de que, con los guineoecuatorianos residentes en estas lejanas tierras, estamos haciendo país, haciendo realidad nuestra guineoecuatorianidad frente a esta cosmopolita, abigarrada y complicada sociedad de culturas.
Porque así nos sentimos todos más cerca de Guinea Ecuatorial y de sus realidades; de su día a día y su trayectoria hacia delante. Ora nos regocijamos y nos sentimos orgullosos de las palabras de los viajeros que vienen y hablan de las enormes transformaciones infraestructurales que se están operando en Bata, Malabo, la mejora del nivel de vida y el clima de progreso y modernidad que se ha hecho realidad en nuestra sociedad; ora nos acongojamos con informaciones como la de la patética banda de “los plateados”- por poner un ejemplo- que han hecho vivir a nuestra sociedad guineoecuatoriana los colores del horror y el miedo. Pero nos sentimos aquí más guineoecuatorianos y más solidarios, y apostamos por un país en el que se multipliquen las historias de realizaciones y transformaciones positivas y desaparezcan por siempre las noticias tristes “de plateados” “embadurnados”, embarrados” o como quiera que sea el nombre “telenovelesco” que adopten aquellos que han hecho del crimen y la malvivencia un modo de vida.
Por eso, una año y dos meses después, siento que debo agradecer al destino, porque me ha hecho vivir intensamente un período de aprendizaje de experiencias y realidades nuevas, conocer a las personas, no por lo que dicen que son sino por lo que sus costumbres y actuaciones revelan; a saber que un año y dos meses después; mientras escribo, esto, allá en cualquier barrio de Londres, unos jóvenes están luchando por salir dignamente adelante, dando ejemplo de responsabilidad y de positivismo; porque, como todos muchos de ellos “hay que regresar a Guinea con algo que ofrecer en las manos”
Y con esta alegría de haberme enriquecido con las experiencias de otros y haber compartido sueños y ambiciones sanas, miro el camino recorrido y afirmo que ha sido lleno de frutos.
Aunque también miro hacia adelante y veo que queda mucho camino que recorrer.• |
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