Por: Kayo Mateo Cotchoni
En la tradición africana, el niño es considerado como un tesoro, un don precioso del Omnipotente. Pero la pobreza y la miseria de las poblaciones han tirado en las nubes más oscuras esta noble riqueza y sabiduría africana.
En realidad, el tráfico de los niños se convirtió en los últimos años en un fenómeno muy extendido en el oeste de África y teniendo como centro de gravedad. Benín y Nigerias secuestrados a veces y vendido la mayor parte del tiempo por sus propios padres hambrientos de un buen porvenir para sus hijos, los niños traficados constituyen una mano de obra especial para duros e infernales trabajos domésticos, campesinos y sobretodo para la prostitución infantil. Abducidos por promesas oníricas e ignorando el real destino de sus hijos, los padres los dejan bajo la tutela de los fanáticos comerciantes y chulos que les llevan a un abismo. Así empieza el calvario: Nigeria, Benin, Costa de Marfil, Camerún y Gabón son tierra de predilección de los traficantes que llevan los niños menores de edad y hambrientos, a trabajar en plantaciones de cacao y fábricas bajo condiciones diabólicas y poco recomendables.
En Benín este fenómeno está conocido bajo la denominación “vidomegon”, es el hecho de llevar los niños en casa de peces gordos en las capitales para trabajaren el sector doméstico. La mayor parte del tiempo el niño trabaja 24h/24 sin tener entonces ni un minutos de respiro y recibiendo palizas a pesar de que haya cumplido bien la tarea que tenía que hacer.
Enrollados en la construcción bajo el sol severo africano, prostituendose, se
explotan los niños hasta el total agotamiento y el último peldaño. Se les ve en la calle, retraídos, mirando con extrañeza, ya no se fían de nadie, es pedirles la luna que intentar sacarles una sonrisa, consideran la vida como un infierno, quieren suicidarse pensando que allende del mar, podrán por fin descansar para siempre y a lo mejor llevar una vida más angelical.
Un análisis profundo de este fenómeno nos permite situar las responsabilidades en dos niveles: los padres y los mafiosos y chulos lideres y propulsores de este comercio. Los padres tienen un rol importantísimo en la erradicación de este problema en el sentido de que la mayor parte del tiempo, son ellos mismo que dejan irse sus hijos después de haberse dejado comer el coco por los traficantes que mediante argumentos y promesas falsas, les engañan. Está bien pensar en un buen porvenir para su hijo dejándole macharse de su tierra para buscarse la vida pero se debe también enterarse de que ningún otro fulano puede tratar de manera más humana y familiar al hijo ajeno.
Los padres tienen que darse cuenta de esta evidencia y evitar la muerte gratis y el destino abismal al que están sometidos y condenados los niños. Si es verdad que las primeras presas son los padres, es menester reconocer
también la picardía de los traficantes.
Son mafiosos que tienen buena amistad con las autoridades policiales y fuerzas de seguridad que trabajan en las fronteras respectivas. Las autoridades policiales a veces dejan pasar esos convoyes de niños traficados después de haber sido corrompidos por los mafiosos. Es un hecho que estamos criticando porque en vez de matar la serpiente que nos está mordiendo, la estamos apareciendo. Y de esta manera el mal sigue ganando espacio y se empeora.
Así que pedimos más vigilancia en nuestras fronteras y un ejercicio de conciencia por parte de los padres con el fin de erradicar esta plaga que participa al crecimiento de la mortalidad infantil en África y poder asegurar un futuro digno a nuestros hijos respetando sus derechos. •