Por: Victoria Dara
Todos nos esforzamos en dar una buena imagen ante los demás, resaltar aquello de bueno que tenemos y disimular los pequeños defectos que creemos tener. Nos gusta que nos elogien y aplaudan, por supuesto que sienta muy bien, somos seres humanos y como tales, el ego es parte de nuestra condición humana.
Cierto que todos tenemos algo de ego, por más humildes y espirituales que seamos, de otro modo, no estaríamos entre los vivos.
Pero reconocer eso, no quiere decir rendirse y colocarse uno en el centro por ser éste el mejor sitio porque se cree merecedor y mejor.
El ego nos aleja de quien somos y dificulta nuestro proceso de aprendizaje con lo cual nos impide crecer y evolucionar como personas.
Amor y ego no hacen una buena combinación, de hecho no son amigos aunque vivan bajo el mismo techo y depende de ti mi querido hermano cual de ellos tomará el mando de tu casa.
El amor nos trae paz y felicidad duraderas. El ego en cambio, nos trae insatisfacción, frustración y vacío.
Hace cinco años, trabajé para un empresario con mucho éxito profesional, la empresa crecía con mucha rapidez y Mark que así se llama, era cada vez más millonario, pero a pesar de ese éxito evidente por el cual todos le felicitaban y admiraban, mi jefe se sentía un desgraciado, no era feliz, siempre malhumorado, incapaz de mantener una relación armoniosa con su esposa e hijos adolescentes. No disfrutaba de su propia compañía y evitaba quedarse a solas. Su éxito profesional no le aportaba la clase de satisfacción y felicidad que son propias de la seguridad y equilibrio emocional. Necesitaba los estímulos externos para experimentar alegría, y éstos tenían que ser constantes porque el gozo y la felicidad nacen del interior de la persona, nacen de ese espacio de amor que es la esencia del ser humano esa es la verdadera felicidad; el ego por el contrario te ofrece momentos pasajeros de alegría provocados por un estímulo externo como puede ser ganar mucho dinero, por ejemplo, y en cuanto desaparece ese estímulo o te acostumbras a él, ya no habrá motivo de alegría y llegará el vacío.
Detrás de las apariencias hay mucho más de aquello que vemos y las señales físicas nos dan cierta información del estado interno y del equilibrio emocional del individuo. ¿Qué apariencia crees tú que das? Ciertamente no tenemos que preocuparnos de la apariencia que damos, sino de cuidarnos, amarnos y ser felices porque lo que sentimos dentro se ve reflejado por fuera aunque queramos disimularlo.•