Por: Guillermina Mba Obono
El tiempo, mi tiempo, tu tiempo, nuestro tiempo, vuestro tiempo…
¿Quién no ha deseado parar el tiempo? ¿Quien no ha envidiado el paso de su tiempo? ¿Quien no quisiera recuperar aquellos momentos vividos? ¿A quien no le gustaría secuestrar al tiempo, hacerse dueño de su grandeza? ¿Quién puede cuestionar o calcular el precio del tiempo?
Y, aquel recuerdo que ya forma parte de tu tiempo o del mío, si, aquel maravilloso o amargo recuerdo que el tiempo puso en tu vida, una vida que poco a poco se consume con el tiempo. Aunque creo en los recuerdos, aun me despierto y siento que el tiempo es circular que entrelaza pasado presente y futuro. Por eso he querido escribiros un cuento, el cuento de una mujer que sin ser ave quiso volar para recuperar a través de su tiempo lo perdido, una mujer que quiso volver a sentir el aroma del amor y la brisa de la vida golpeando en su puerta pero fue demasiado tarde porque el tiempo es egoísta y solo se pertenece a si mismo, el tiempo no regala días, minutos ni siquiera segundos, el tiempo es fugaz y solo te permite vivir lo que has vivido sin mirar que hubiera pasado si hubieras tenido tiempo para cambiar el rumbo de los acontecimientos:
Elois casi alcanzaba la mitad de siglo de existencia aunque aparentaba mucho menos. Su silueta era gruesa y de altura media, con un agradable rostro en el que destacaban unos preciosos ojos marrón verdoso y una naricilla respingona abrazada todo por un pelo de color cobrizo siempre brillante.
Tenia algo que la hacia especial, quizás esa mirada llena de misterio, o tal vez esa sonrisa agridulce. ¡Cuánto misterio y cuanto secreto oculto había en aquellos ojos que permanecían inmóviles, fijos en una sola dirección y que hablaban del dolor, de un dolor silencioso, hablaban de un dolor abrasador pero tierno, hablaban de la vida y buscaban perdón….!
Así era Elois, una mujer de carácter alegre, siempre rodeado de niños en su preciosa y hermosa guardería llamada: “Mama Elois”.
Cada mañana la contemplaba rodeado de niños. Eran su vida y las madres confiaban en ella, era una segunda madre para esos niños.
Pero no siempre fue así, aquella guardería era antes la casa de Elois, la casa donde vivía con su marido Carlos, el hombre que le amo cada segundo de su vida y que falleció de forma accidental hace 3 años.
¿Qué razones tiene Elois para sentirse culpable por la perdida de su marido? ¿Por qué Elois va a hablar con un curandero sobre la muerte de su marido Carlos?
Elois se presenta en casa del curandero con el dibujo de un bebe de rostro triste y la mirada apagada. En silencio, con lágrimas en los ojos contempla al curandero, con mucho misterio, con recelo pero pidiéndole auxilio le dice:
- “Este mensaje es para Carlos, sé que si de verdad mis palabras llegan a él será demasiado tarde pero aun así lo haré, aunque solo sea por desesperación y consuelo”.
- “Prefiero creer que usted como “curandero” llevará mi mensaje a Carlos que es mi marido. Falleció hace 3 años. Una mañana como cualquier otra se levanto, me cortó una orquídea en el jardín, la puso encima de mi mesilla de noche, me dio un calido beso de “buenos días” y se marcho a trabajar… pero nunca regreso.
Días más tardes me comunicaron que hallaron su ropa, el anillo y toda su documentación en un maletín intacto junto al estanque del retiro, con sangre en el suelo. Se busco su cuerpo durante años pero este nunca apareció.
Así fue como le perdí físicamente. Pero su espíritu lo siento junto a mi corazón. Hasta el aire desprende su aroma. No duermo porque mi sueño se lo llevó él, apenas como porque mis sentidos perdieron su sentido ya que el motor que les daba vida se apagó, cerro sus ojos y no me dejó decirle adiós….
Quería confesarle que a pesar de todo lo que me amo fui egoísta con el, no quise darle hijos, temía compartir su cariño con un hijo de ambos, era tanto mi miedo que me pase gran parte de mi matrimonio abortando a sus espaldas, y le hice creer que era estéril, era un tronco seco que no podía dar vida, por eso, aunque aparentemente parecíamos felices, creo que Carlos no murió en aquel supuesto homicidio o desaparición, intuyo que murió a mi lado, se consumió gota a gota, se consumía cada tarde junto al televisor viendo películas de padres con hijos, se consumió como el humo porque yo era su cigarro y al encender el fuego del egoísmo que había en mi, al no querer darle lo único que deseaba, un hijo nuestro, Carlos, mi Carlos, impulsado por mi mano le apague.
Este donde este, si al menos pudiera escucharme, si el al menos sintiera mi arrepentimiento quiero decirle que lo siento, se que en estos tres años, habrá conocido a todos los hijos que yo aborte y que estos le contaran que mama no era estéril, mama podía tener hijos, si mama Elois, así es como me llaman ahora, podía haberle dado vida a nuestro amor, podía haberse producido una continuación de nuestro cariño pero no lo hice, le quería para mi sola, sola para mi, pero ahora ni su consuelo me deja dormir, cada noche me acuesto con la carga de mis hijos en mi espalda, escucho sus voces, me recriminan, sienten lastima por Elois, una mala mujer, una mujer egoísta.
Ahora para limpiar mi culpa convertí mi casa en una guardería para niños, todos me quieren o parecen quererme, y yo siento que ellos me dan paz, aunque cuando llega la hora de marcharse a casa con sus madres me vuelvo a encontrar sola, me doy cuenta que hace años aleja a todos de mi lado y que ahora nada me pertenecía y menos los hijos de otros. Aunque no queramos el tiempo juega con nuestros destinos, ahora lloro y busco a quien fue mi marido sin olvidar que la que se extravió fui yo.
Carlos, ahora se porque sonreías con lagrimas en los ojos, Carlos ahora entiendo porque en tu rostro había un deje de melancolía, Carlos ahora entiendo porque te marchitaste en vida, ahora se porque mi marido me regalaba una orquídea cada mañana, buscaba volver a la vida, buscaba poder mirarme como una flor que alegra la vista de los que la aman Se que te hice daño, quiero sentir aunque sea un segundo la brisa de tu sonrisa moribunda llorando por el hijo que no quise darte…si volviéramos atrás, si pudiera parar el tiempo, robarlo y situarnos en el altar, cogida de tu mano y tu dándome el si quiero que me convertía en tu mujer, yo Elois, te hubiera prometido amor eterno pero no un amor egoísta, Carlos habría llenado nuestra casa de hijos como siempre hubieras deseado. “Cuando se ha amado de verdad se hace muy largo y pesado el olvido” y el tiempo nos obliga a recordar que siempre sigue su curso al no retroceder jamás y menos para los humanos que suspiran desde el silencio por el tiempo y prefieren mantenerlo aunque sea por medio de los recuerdos de lo que alguna vez fuimos o hubiéramos deseado ser si el tiempo nos diera una oportunidad.•