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EL PRESIDENTE DE LA GACETA ESCRIBE

"Cosas que me ocurren"
Y que pintaba yo allí....

Por: Agustín Nze Nfumu
Presidente del Consejo de Administración de "La Gaceta de Guinea Ecuatorial"
Embajador de la República de Guinea Ecuatorial en Gran Bretaña

Me estaba preguntando a mí mismo por qué, a las 19,30 horas de aquél lunes, 27 de marzo de 2006, me encontraba en los grandes y lujosos pasillos superiores de la Gran Sala de ceremonias, muy exclusiva y lujosa, de la GROSVENOR HOUSE, en Park Lane, viendo cómo un numeroso grupo de ciudadanos ingleses musulmanes de los más variados orígenes y procedencias, estaban haciendo sus oraciones, una de las tantas que realizan cada día de cada mes y de cada año de sus vidas.
Se había interrumpido unos minutos antes, para un breve receso de 15 minutos, la también muy exclusiva ceremonia de la MUSLIM NEWS AWARDS OF ECELLENCE 2006, en su sexta edición, cuya apertura fue presidida por nada menos que el Muy Honorable Jack Straw, inamovible y omnipresente Secretario del Foreing and Commonwealth Office del Gobierno Laborista que preside el Primer Ministro, el también Muy Honorable Tony Blaire, quien, a su vez, se había cuidado, junto con el Honorable David Cameron, Líder de la Oposición y Sir Menzies Campbell, Lider de los Demócratas Liberales, de enviar muy calurosos y efusivos mensajes de felicitación y solidaridad a la Comunidad Musulmana de Gran Bretaña y desear éxitos al evento; mensajes escritos y debidamente firmados, que encabezaban el lujoso folleto explicativo que fue entregado a todos los más de seiscientos invitados asistentes.
Digo que me preguntaba qué diablos estaba haciendo allí, pues en aquella muy encopetada y exclusiva ceremonia, que se diferenciaba de la entrega de los famosos “Oscar” solo en que la ceremonia “Hollywoodiense” solo premia a actores de cine, bandas sonoras, guiones y un largo etcétera relacionado con el arte del celuloide, en esta solo se invita a los más prósperos representantes de la sociedad musulmana, árabes o no, miembros del Gobierno de Su Majestad, los Honorables miembros de las dos Cámaras, Directores y Presidentes de prosperísimas empresas multinacionales, fundaciones multimillonarias y filantrópicas…o sea, gente que pesa en cifras de más de ocho dígitos por lo menos, sus cuentas bancarias. Más sorprendido me encontré cuando comprobé que era, en medio de tanta pompa y altura, el único Embajador invitado de los más de cien que hay en la “Capital del Imperio”.
Pero allí estaba yo, más admirado que sorprendido.
Desde las 18, 30 horas y hasta el momento de la primera pausa, la ceremonia del otorgamiento de premios había tenido lugar la solemne ceremonia de apertura del evento. Primero, fue el “Editor”- así le dicen al promotor en la lengua de los Lores- Ahmed J. Versi, quien nos deleitó con un discurso muy humano y conciliador, en el que llamaba a la concordia y al acercamiento de culturas. “Nuestra ceremonia-dijo en un pasaje del discurso- es una oportunidad única para celebrar el éxito de musulmanes y no musulmanes y configurar modelos de futuro. También sirve para salir al paso de errores de percepción así como la imagen negativa que, sobre nosotros” se proyecta en los medios de comunicación”
A estas palabras, respondió Jack Straw con otras de elogios y de reconocimiento profundo de la labor positiva que está desarrollando la comunidad musulmana en todos los campos de actividad en el Reino Unido, así como su seriedad y ponderación en el momento de afrontar la convivencia; aunque lamentó que algunos extremos sobre la concepción de la religión y las reivindicaciones, hayan llevado a grupos a acciones que pueden conducir a una confusión, a la hora de jugar a toda una comunidad.
Tras estas palabras, y antes de decidirse el “break”, el Secretario del Foreing Office hizo entrega del Premio Especial a un musulmán quien, a juicio del jurado, se había distinguido especialmente en le mejora de las relaciones e integración de su comunidad en la sociedad británica.
Después del receso, que aprovechó Straw para retirarse, se inició el reparto de los premios por categorías de actividad, premios que fueron entregados por personalidades eminentes de la política, las artes, la ciencia, etc. de gran Bretaña y del Mundo. Así, sin importar ni la religión, ni el color de la piel ni la nacionalidad, varios agraciados fueron pasando por el estrado para recibir de manos de esas personalidades, y por decisión del jurado, unas bandejas doradas con el diseño de un símbolo muy importante de la sabiduría y la astrología musulmana, el “Staff of Tusi”- del nombre de su inventor- o el Astrolab. Fueron así distinguidas varias personas, destacadas en los campos de MEDIOS DE COMUNICACIÓN, INGENIERIA, CIENCIA Y TECTNOLOGIA, RELACIONES COMUNITARIAS, ARTE, PROMOCION EMPRESARIAL, PROMOCION DEL ACERCAMIENTO CULTURAL ENTRE AMBAS COMUNIDADES, PROMOCION DEL PENSAMIENTO ISLAMICO, PROMOCION DEL ENTEDIMIENTO GLOBAL ENTRE CULTURAS Y CONFESIONES RELIGIOSAS, JUVENTUD, además el premio especial.
Cuando, a lo largo de la distribución de premios, vi desfilar sobre el escenario a mujeres, hombres, jóvenes, blancos, negros, musulmanes, católicos, protestantes, gordos y flacos, turbantes y peinados, comprendí que no había sido el azar el que me había llevado aquella noche de principios de primavera a aquel lugar. Entonces se volvieron más presentes las siguientes palabras del Promotor, Sr. Versi, que parecieron presidir toda la ceremonia, a pesar de que habían sido dichas en la apertura: … “Políticos y periodistas siguen empeñados en asociar el Islam con el Terrorismo, incitando a que se demonice a los musulmanes y a aumentar los ataques islamófobos. Además, los musulmanes son el objetivo principal en los casos de arrestos por terrorismo. Los musulmanes se sienten en un estado de sitio. Las odiosas y dolorosas caricaturas de nuestro Profeta, que insinúan que todos los musulmanes son terroristas, así como la reacción de musulmanes, heridos y frustrados, en defensa de lo más sagrado para nosotros, han creado mucho más negativismo….”
Digo que entendí entonces que una fuerza superior me había llevado allí, a aquella reunión providencial, en la que si había algún ciudadano que pudiera llamarse “de a pie” ese era yo. La providencia había querido ilustrarme más sobre lo que puede lograr destruir la intolerancia y los milagros que puede operar la simple voluntad y deseo de estar juntos; para que me reafirmara en mi condena de la intolerancia, en mi condena del juicio global y fácil que se hace sobre otras comunidades y realidades que no son las de uno, a partir de lo que uno o parte de ese grupo haya hecho, a partir del error de solo una parte de la misma.
Fundaciones regentadas y financiadas todas por musulmanes, premiaban esfuerzos de paz, de lucha por la salud y la educación, de ayuda al pobre y al necesitado, de investigación para el progreso de la ciencia, sin importarles ni la raza ni sexo ni el credo ni el origen de los agraciados. Allí esta siendo premiada la humanidad en su faceta más positiva, la de los que se olvidad, a veces, de sí mismos para sumergirse en el amor por los demás, por los que sacrifican esfuerzos e incluso salud ; a gente que lo arriesgaban todo para dar a los demás, para lograr que e humano se acerque el humano, para lograr mayor entendimiento entre todos, para la búsqueda de horizontes más abiertos para una convivencia pacífica, mujeres que, con velo o con peinados, entregaban lo mejor de sus esfuerzos y valores para ayudara enfermos, niños, ancianos anglosajones, purpúreos o negros azabache . se premiaba allí a la humanidad sencilla. Los musulmanes estaban celebrando una reunión multicultural, como para gritar desde lo más profundo de sus seres, SOMOS HUMANOS QUE QUIEREN VIVIR CON HUMANOS, y no había nadie allí que pensaba en colocar bombas, aún el individuo de especto talibanesco, barbudo y con turbante, que recibió, precisamente al esfuerzo por la mejor integración cultural y que gritaba en el momento de pronunciar sus palabras de agradecimiento “porque le debemos agradecimiento a la comunidad británica por habernos aceptado como iguales, por habernos aceptado para formar parte de esta sociedad, siempre nos sentiremos y trabajaremos para el bien de esta comunidad y su progreso”
No pide evitar sentir pena y denunciar a aquellos que siguen empeñados en diferenciar, a partir del desprecio, a los humanos, en preconizar superioridades y exclusiones y en seguir pretendiendo configurar un mundo cada vez más dividido. Odié a los que concibieron, dibujaron y publicaron las insultantes caricaturas del profeta de los musulmanes, más odio me produjo el hecho de que se hubieran querido refugiar tras el manto de la “libertad de expresión” para justificar su barbarie; odié la hipocresía de los que, desde las instituciones, las academias y los despachos de medios de comunicaciones que se dicen respetables y serios, expresaron enfermiza solidaridad con dicha monstruosa desviación del concepto de la libertad, cuando estaba claro que aquello tuvo unos inequívocos síntomas de una expresión esclavizada por los prejuicios, el odio y el desprecio por las realidades ajenas.
Supe que había ido allí para que, durante la ceremonia misma, así como la cena que siguió, y mientras fui conociendo a la gente congregada allí; un sacerdote católico, el famoso presentador de televisión del Channel 4 News, Jon Snow-que repartía autógrafos como Jhon Wayne en sus mejores momentos y se hacía fotografiar con todas las jovencitas, con velo o no, que se encontraban en el lugar- Presidentes y Directores de Multinacionales, Fundaciones y Asociaciones, etc.; me fui convenciendo, cada vez más, de que la sociedad mundial, aparentemente tan grande, pero en realidad pequeñísima, es única e indivisible; es una única sociedad de hombres y mujeres que lo que necesitan y desean es conocerse mejor, estar juntos, olvidarse de atuendos diferenciadores y llenar millones de salas como la de aquella noche, para hacer una raza de paz y concordia.
Pero también me afirmé en la convicción de que son las diferencias internas, nuestros propios prejuicios y perjuicios, nuestro descontento con nosotros mismos, los que ponen las bombas en Londres y Madrid, hacen las caricaturas, los que torturan en Guantánamo e Iraq, los que secuestran y matan. No son ni musulmanes no árabes, ni norteamericanos ni españoles ni franceses ni holandeses…son el anti-hombre que llevan dentro y que hace que sean esclavos.
Y allí estuve yo, aquél 27 de marzo de 2006, lunes que era en el calendario, cristiano, para recibir una lección musulmana de humanismo, de tolerancia y de valoración de lo más precioso que Dios, Alah, o el nombre que la limitada condición de nuestro verbo humano le quiera dar al Mas Grande, nos ha legado: EL AMOR.•


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